martes, 24 de febrero de 2015

Timidez



Timidez



“Incluso tú puedes escribir buenos poemas”
Ambos nos reímos ante tus palabras.
Fue un momento cándido que en las tramas
de mi corazón rápidamente soltó anclas.

Esa tarde me acompañaste a casa,
ya que era tarde y el camino estaba oscuro.
¡Qué vergüenza! Reía como tonta mientras avanzaba
Tu presencia borra mis dolores, aún el más puro.

Desempolvé viejos libros de astronomía de mi abuelo.
También compré otro par barato camino a la facultad.
Me contaste que para ti es una pasión mirar el cielo.
Tal vez así, de charlar más contigo, tenga la oportunidad.

Siempre me hago la misma pregunta de forma recurrente.
Una y otra vez busco la respuesta en mi mente.
¿Desde cuándo fue que tras de ti fue corriendo?
¿Desde cuándo mis sentimientos fueron in crescendo?  

Una tarde me invitaste a ver las estrellas en tu casa.
Tenías un enorme telescopio frente a tu ventana.
¡Qué aprieto! De esos aparatos no había visto ni la carcaza.
Mucho hablamos de ellos pero… ¿Cómo salir de la maraña?

Estamos pasando un buen momento juntos, lo sé.
Te miro y aduzco que conmigo la estás pasando bien.
Y yo… incómoda, sonrío falsamente porque, con desazón…
Por mucho que quise… no pude abrirte mi corazón.

El sábado, mientras compraba ropa, te vi en el centro.
Pretendí no notarte e hice como si no me fuera a importar.
Ibas cargando las bolsas de una hermosa chica. Por dentro…
sentí que mi estómago y mi pecho iban a explotar.

La vi cada vez más seguido a tu lado, casi todos los días.
Me encuentro casi rendida ante ella, no puedo competir.
Me alejé un poco de ti… pero tú, cabeza dura, llamarme debías.
Ante tu voz y tu preocupación, mi corazón se volvió a derretir.

“¿Qué es lo que quieres hacer?”  pregunta mi corazón.
Eso es obvio, voy a salir corriendo tras de ti sin razón.
Lo sé muy dentro de mi ser… más tú no lo sabrás.
No ahora, por lo menos, tal vez en otra oportunidad.

Una vez pasamos una tarde juntos, los tres.
Ella me miraba mal y desdeñaba mi presencia.
Es hermosa: de rubio cabello, azules ojos y blanca tez.
Me intimida su belleza, creo que necesito más confidencia.

Me invitaste a cenar a tu casa, solo estábamos los dos.
Te pido, por favor, que si esta noche me confieso…
No te asustes. Escúchame. Sostenme, pues voy a llorar.
La presión de los sentimientos en mi pecho voy a liberar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario